Una porción sorprendente de compradores extranjeros nunca pisa su propia escrituración. Compran desde Nueva York, desde Londres, desde una mesa de cocina en Sídney, y las llaves de un departamento en Buenos Aires llegan sin que jamás se suban a un avión. El instrumento que lo hace posible es el poder, y bien usado es una de las grandes comodidades de comprar acá. Usado con descuido, le entrega a un desconocido las llaves de tu dinero. Acá va cómo usarlo bien.
Un poder es una autorización legal que le permite a una persona de confianza actuar en tu nombre en un conjunto definido de actos, firmar el boleto, firmar la escritura, manejar las formalidades del cierre. Para un extranjero que no quiere venir dos veces (una para buscar, otra para firmar), o ninguna, el poder comprime toda la operación en instrucciones y una transferencia.
Podés otorgar un poder amplio o, mucho mejor, un poder especial, limitado a esta operación específica y a estos actos específicos. Cuanto más acotado el poder, menor el riesgo. No hay razón para otorgar un poder general amplio cuando uno bien acotado hace el trabajo.
No necesitás estar en Argentina para otorgar un poder argentino. El camino estándar:
Tu escribano en Buenos Aires guía la redacción exacta para que el poder cubra precisamente lo que el cierre necesita. Esto no es un formulario para descargar; es un instrumento redactado, y el escribano es la mano que lo guía.
Un poder es confianza puesta por escrito. Quien lo tiene puede firmar en tu nombre. Ese es todo el sentido, y todo el peligro. Las mitigaciones no son exóticas, son disciplina:
Hecho dentro de una estructura profesional, el riesgo está bien contenido, por eso las compras a distancia por poder son rutina acá y no una temeridad. Las historias de terror casi siempre se remontan a un poder amplio otorgado a la persona equivocada sin supervisión sobre la plata.
El poder resuelve la firma. La otra mitad de una compra totalmente a distancia es el dinero: traer los fondos a Argentina y a la mesa de cierre sin traerlos físicamente en un vuelo. Un comprador extranjero puede abrir una cuenta local a distancia, también por poder, y fondear la compra por canales legítimos. Lo gestionamos a través de nuestras relaciones bancarias, y la mecánica está en nuestro apunte sobre la cuenta a distancia. Juntos, la cuenta a distancia y el poder son lo que hace posible una compra genuinamente sin vuelos.
Hacemos cierres a distancia con suficiente frecuencia como para que la coreografía esté aceitada: el poder redactado a la medida del trato, firmado y apostillado donde estés, la cuenta abierta en paralelo, el escribano coordinando la firma, y una firma en el terreno a la que podés exigirle cuentas en cada paso. El extranjero se queda en casa; la operación va hacia él.
Hay una vieja frase que dice que el mundo se puede mover cambiando unas pocas palabras en una hoja. Una propiedad cambiando de manos entre dos hemisferios, sin el comprador presente, es exactamente eso, palabras, firmadas en el orden correcto, ante las personas correctas. El truco es asegurarse de que las palabras sean las tuyas y las personas sean de confianza. Esa es la parte que nos tomamos en serio, y la parte para la que sirve una llamada.
Max.-
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